Desde Agora Mentis, L’Eliana, queremos reflexionar sobre la polémica surgida en torno a las cuentas anónimas conocidas como «curis», vinculadas al entorno escolar, y sobre la importancia de educar en pensamiento crítico.

Una de las características especialmente preocupantes de estas cuentas es que utilizan el nombre, el logotipo o elementos identificativos de los centros educativos para difundir contenidos que ridiculizan o exponen públicamente a estudiantes y profesores.

Esta utilización de la identidad del instituto puede generar una apariencia de vinculación con el centro, aunque no exista ninguna relación oficial, y hacer que las publicaciones resulten especialmente reconocibles para quienes forman parte de esa comunidad educativa.

Pero la cuestión va más allá del uso de un nombre o un logotipo. ¿Qué ocurre cuando una cuenta que representa visualmente a nuestro entorno escolar convierte la ridiculización de compañeros en una forma de entretenimiento?

Las redes sociales ofrecen enormes posibilidades para comunicarse, crear y compartir. Pero también plantean un desafío: la facilidad con la que podemos difundir rumores, burlas, comentarios o imágenes sobre otras personas sin detenernos a pensar en sus consecuencias.

Ante situaciones como esta, creemos que la respuesta no debería limitarse a denunciar, castigar o prohibir. Estas medidas pueden ser necesarias para proteger a las personas afectadas, pero también debemos enseñar a los jóvenes a pensar antes de publicar, compartir o juzgar.

Cuando la ridiculización empieza a parecernos normal

Uno de los problemas de las llamadas cuentas «curis» es que pueden presentar la exposición pública y la ridiculización de compañeros como una forma de humor compartido.

Una publicación provoca risas. Otra acumula comentarios. Una tercera empieza a circular entre los grupos de clase.

Y, poco a poco, determinadas conductas pueden acabar percibiéndose como algo habitual dentro del entorno escolar.

Cuando una publicación recibe numerosas visualizaciones, comentarios o muestras de aprobación, puede transmitir la impresión de que aquello que muestra es aceptado por la mayoría.

Sin embargo, que algo sea habitual no significa que sea correcto. Y que muchas personas lo compartan no significa que sea inofensivo.

La investigación sobre influencia social durante la adolescencia ha mostrado que las señales de aprobación en redes sociales, como los «me gusta», pueden influir en la manera en que los jóvenes responden a determinados contenidos.

Esto no significa que todos los adolescentes reaccionen igual ni que las redes determinen automáticamente su comportamiento. Pero sí nos recuerda que nuestras decisiones pueden verse influidas por lo que observamos en los demás.

La necesidad de pertenecer a una «tribu»

A esto se suma una necesidad especialmente importante durante la adolescencia: sentirse parte de un grupo, pertenecer a una «tribu».

Si todos siguen una cuenta «curis», comentan sus publicaciones o se ríen de determinados contenidos, cuestionarlos puede resultar difícil.

Algunos jóvenes pueden sentir que, si no participan, si no comparten la broma o si manifiestan su desacuerdo, corren el riesgo de quedarse fuera del grupo. Y no siempre hace falta que alguien ejerza una presión directa, hay veces que es suficiente con observar lo que hacen los demás para asumir que debemos comportarnos de la misma manera.

Pertenecer a un grupo no debería exigir renunciar a nuestro propio criterio.

Aquí es donde el pensamiento crítico se convierte en una herramienta fundamental.

¿Quién está detrás de estas cuentas y por qué se crean?

Identificar noticias falsas es una habilidad imprescindible en el mundo en que vivimos, pero también es necesario aprender a cuestionar los contenidos que consumimos y las intenciones que pueden existir detrás de ellos.

En el caso de las cuentas «curis», podemos plantearnos preguntas como:

  • ¿Quién está detrás de estas cuentas?
  • ¿Por qué utilizan el nombre o el logotipo de un centro educativo?
  • ¿Pueden hacer creer que representan de alguna manera al instituto?
  • ¿Buscan entretener, conseguir seguidores, provocar reacciones o generar conflictos?
  • ¿Por qué una publicación que puede humillar a alguien consigue tanta atención?
  • ¿Qué responsabilidad tenemos quienes comentamos, compartimos o contribuimos a difundir esos contenidos?

No se trata de atribuir intenciones sin pruebas, sino precisamente de aprender a investigar, contrastar y no aceptar automáticamente lo que vemos en una pantalla. Y también de comprender que seguir, comentar o compartir una publicación puede contribuir a aumentar su difusión, incluso cuando nuestra intención no sea causar daño.

La empatía debe ir más allá de nuestros amigos

El pensamiento crítico también puede ayudarnos a desarrollar una empatía más reflexiva.

Cuando aprendemos a cuestionar nuestra primera reacción, considerar otros puntos de vista y pensar en las consecuencias de nuestras acciones, podemos reconocer mejor cómo afectan nuestras decisiones a los demás.

Antes de compartir una publicación, deberíamos preguntarnos no solo si es verdadera, sino también si es necesaria, justa y qué puede sentir la persona que aparece en ella.

¿Me haría gracia si el protagonista fuera yo? ¿Y si fuera mi mejor amigo? ¿Estoy compartiendo esto porque realmente lo considero adecuado o simplemente porque todos los demás lo hacen?

Estas preguntas son un buen punto de partida, especialmente durante la infancia y la adolescencia, porque permiten pasar de la reacción impulsiva a la reflexión consciente.

Pero vamos un poco más allá: la empatía no debería limitarse a nuestra capacidad de identificarnos con quienes queremos o conocemos.

Es relativamente sencillo comprender el sufrimiento de un amigo, pero el verdadero desafío consiste en desarrollar esa misma sensibilidad hacia personas con las que no tenemos ninguna relación, con las que no compartimos intereses o que incluso nos resultan antipáticas.

No debería ser necesario imaginar que la víctima somos nosotros o alguien cercano para reconocer que una conducta puede ser injusta o dañina.

Aprender a considerar los sentimientos, la dignidad y las circunstancias de cualquier persona, independientemente de nuestra relación con ella, es un paso fundamental hacia una empatía más madura y un pensamiento crítico verdaderamente responsable.

Educar para pensar, no solamente para obedecer

Educar no consiste en enseñar a los jóvenes qué deben pensar, sino en proporcionarles herramientas para desarrollar su propio criterio. Un criterio que les permita cuestionar lo que ven, resistir la presión del grupo, reconocer posibles manipulaciones y tomar decisiones responsables.

Las familias y los centros educativos tenemos la oportunidad de transformar estos conflictos en aprendizaje.

Es necesario hablar sobre el respeto a la intimidad, el consentimiento para compartir imágenes, la responsabilidad de nuestras publicaciones y las consecuencias que pueden tener nuestras acciones digitales.

Pero también debemos enseñar a los adolescentes a reconocer cuándo una conducta aparentemente divertida deja de ser una broma y comienza a perjudicar a otra persona.

Hay que enseñar a utilizar las redes sociales, a entender que convivimos con ellas y no pueden ser un "sálvese quien pueda" sino un espacio en el que nos guste vivir y nos sintamos seguros.

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Referencias

Sherman, L. E., et al. (2016). The Power of the Like in Adolescence: Effects of Peer Influence on Neural and Behavioral Responses to Social Media. Psychological Science, 27(7), 1027-1035.

https://doi.org/10.1177/0956797616645673

American Psychological Association (2023). Health Advisory on Social Media Use in Adolescence.

https://www.apa.org/topics/social-media-internet/health-advisory-adolescent-social-media-use

Agora Mentis · Educación, pensamiento crítico y técnicas de estudio

L’Eliana, Valencia

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