Puede que hayas sido víctima de la erística, una forma de argumentar que tiene más de dos mil años de historia y que sigue estando muy presente en nuestras conversaciones.

Y lo más curioso es que probablemente todos la hemos utilizado alguna vez, incluso sin darnos cuenta.

¿Qué es exactamente la erística?

La erística es el arte de disputar o discutir con el objetivo de vencer al adversario, independientemente de quién tenga razón.

A diferencia de un debate constructivo, donde los participantes intercambian ideas para comprender mejor un asunto, en la erística lo importante es ganar.

Para conseguirlo, pueden utilizarse recursos como exagerar los argumentos del contrario, cambiar de tema, apelar a las emociones o desacreditar a la persona en lugar de responder a sus ideas.

Imagina una discusión sobre si los adolescentes deberían utilizar menos el teléfono móvil.

Una persona dice:

—Creo que pasar tantas horas mirando el móvil puede afectar a nuestra concentración.

Y otra responde:

—¡Claro! ¡Entonces volvamos a la Edad Media y prohibamos toda la tecnología!

La segunda persona no está respondiendo realmente al argumento. Lo ha exagerado hasta convertirlo en una propuesta absurda que resulta mucho más fácil de atacar.

Esta estrategia se conoce como falacia del hombre de paja y es uno de los recursos que pueden utilizarse en una discusión erística.

Pero ¿de dónde viene esta manera de debatir?

Un arte con más de 2.000 años de historia

Para encontrar los orígenes de la erística tenemos que viajar hasta la Antigua Grecia.

La palabra procede del griego éris, que significa disputa o discordia.

Durante los siglos V y IV antes de Cristo, el debate y la argumentación ocupaban un lugar fundamental en la vida pública griega. Saber defender una idea podía resultar muy útil en la política, los tribunales o las discusiones filosóficas.

En aquel contexto, algunos maestros de argumentación enseñaban técnicas para defender posiciones y refutar a sus adversarios.

Filósofos como Platón y Aristóteles analizaron y criticaron aquellas formas de discusión en las que vencer parecía más importante que encontrar la verdad.

Muchos siglos después, el filósofo alemán Arthur Schopenhauer recuperó este concepto en su obra Dialéctica erística, también conocida como El arte de tener razón.

En ella describió 38 estratagemas que podían utilizarse para imponerse en una discusión.

Entre ellas encontramos estrategias que nos resultan sorprendentemente familiares: exagerar lo que dice el contrario, atacar sus contradicciones, recurrir a la autoridad o provocar su enfado para que pierda el control.

Aunque Schopenhauer escribió sobre estas estrategias en el siglo XIX, basta con abrir cualquier red social para comprobar que siguen estando de actualidad.

La erística en la vida adulta: discusiones que no llevan a ninguna parte

No hace falta participar en un debate político para encontrarse con la erística. Aparece constantemente en conversaciones familiares, reuniones de trabajo y discusiones cotidianas.

Veamos algunos ejemplos.

1. Cuando criticar una idea se convierte en un ataque personal

Imagina que, durante una reunión de trabajo, alguien propone:

—Estaría organizar mejor los horarios para evitar tantas horas extra.

Y un compañero responde:

—Eso lo dices porque nunca te ha gustado trabajar demasiado.

¿Qué ha ocurrido?

En lugar de analizar si la propuesta podría mejorar la organización, el compañero ha atacado las supuestas motivaciones de quien la plantea.

Es una forma de argumento ad hominem, en la que se intenta desacreditar a la persona en lugar de examinar su argumento.

El problema de esta estrategia es que puede hacer que una buena idea sea rechazada por motivos que no tienen nada que ver con su utilidad.

2. Cuando una conversación se convierte en una competición

Una pareja está discutiendo sobre el reparto de las tareas domésticas.

—Me gustaría que compartiéramos mejor las tareas de casa.

—¿Y qué pasa con todas las veces que yo he tenido que hacer cosas por ti?

De repente, la conversación deja de tratar sobre cómo organizar las tareas y se convierte en una competición para determinar quién ha hecho más por el otro.

Este desplazamiento del tema puede funcionar como una estrategia erística cuando se utiliza deliberadamente para evitar responder a la cuestión inicial.

¿El resultado? Probablemente ninguno de los dos terminará satisfecho y el problema seguirá sin resolverse.

La erística entre adolescentes: cuando lo importante es quedar por encima

Durante la adolescencia, las relaciones sociales y la necesidad de pertenecer a un grupo adquieren una especial importancia.

Por eso, algunas discusiones pueden convertirse en competiciones en las que reconocer un error parece mucho peor que mantener una opinión equivocada.

1. «Si no piensas como yo, estás contra mí»

Imagina una conversación entre amigos:

—A mí no me parece bien reírse de alguien por cómo viste.

—¡Pues vaya! ¡Ahora resulta que no podemos hacer bromas porque tú te ofendes por todo!

La segunda persona ha transformado una crítica concreta en una supuesta prohibición de hacer bromas.

En lugar de discutir si una broma puede resultar hiriente, presenta al otro como alguien exageradamente sensible.

¿Te suena?

Este tipo de respuesta aparece con frecuencia en discusiones presenciales y en comentarios de redes sociales.

2. «Todo el mundo piensa lo mismo»

Un adolescente comenta:

—No creo que sea buena idea compartir ese vídeo de nuestro compañero sin preguntarle.

Y alguien responde:

—Pues todos los demás quieren compartirlo. Eres el único que se queja.

Aquí se utiliza la presión del grupo para intentar invalidar un argumento.

Sin embargo, que muchas personas estén de acuerdo con algo no significa necesariamente que sea correcto.

Esta forma de razonar está relacionada con la falacia ad populum, que consiste en utilizar la popularidad de una idea como si fuera una prueba de su validez.

3. «¿Y tú qué sabrás?»

Durante una conversación sobre videojuegos, un adolescente afirma:

—Creo que algunos juegos utilizan mecanismos para que gastemos más dinero.

Otro responde:

—Tú ni siquiera eres bueno jugando. ¿Qué vas a saber?

La respuesta no aporta información sobre los mecanismos de monetización de los videojuegos.

Simplemente intenta desacreditar a quien ha planteado la cuestión.

Es otro ejemplo de ataque personal que puede utilizarse para evitar una discusión razonada.

¿Por qué utilizamos estas estrategias?

No siempre recurrimos a la erística de manera consciente.

En ocasiones, lo hacemos porque nos sentimos atacados, porque nos cuesta reconocer que estamos equivocados o porque confundimos cambiar de opinión con perder.

También puede influir el entorno.

En determinadas discusiones públicas y redes sociales, una respuesta ingeniosa, contundente o humillante puede recibir más atención que un argumento bien razonado.

Y cuando el objetivo es conseguir aplausos, seguidores o reconocimiento social, escuchar al contrario puede pasar a un segundo plano.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre defender nuestras ideas y defender nuestro orgullo.

La primera actitud nos permite aprender. La segunda puede impedirnos reconocer información que contradice lo que pensamos.

¿Cómo podemos evitar caer en la erística?

El primer paso es reconocer que no necesitamos ganar todas las discusiones.

Podemos aprender a debatir de una manera más constructiva si incorporamos algunos hábitos sencillos:

Escuchar antes de responder. En lugar de preparar nuestra siguiente intervención mientras habla la otra persona, intentemos comprender lo que realmente está diciendo.

Preguntar cuando no entendemos algo. Una pregunta sincera puede resolver un malentendido antes de que se convierta en una discusión.

Criticar las ideas, no a las personas. Podemos estar completamente en desacuerdo con alguien sin cuestionar su inteligencia, sus intenciones o su valor personal.

Reconocer cuando nos equivocamos. Cambiar de opinión ante un buen argumento no es una derrota. Es una muestra de pensamiento crítico.

Buscar puntos en común. Incluso cuando existen diferencias importantes, identificar aquello en lo que coincidimos puede ayudarnos a construir una conversación más productiva.

Y, sobre todo, podemos hacernos una pregunta antes de responder:

¿Estoy intentando comprender lo que dice esta persona o simplemente estoy buscando la manera de demostrar que se equivoca?

La respuesta puede cambiar por completo el rumbo de una conversación.

Conclusión: ¿y si dejamos de intentar ganar todas las discusiones?

Imagina cómo serían nuestras conversaciones si dejáramos de considerar cada desacuerdo como una competición.

En el trabajo, podríamos encontrar mejores soluciones porque las propuestas se valorarían por sus argumentos y no por quién las presenta.

En nuestras relaciones personales, podríamos resolver conflictos sin convertirlos en una batalla para determinar quién tiene la culpa.

Y entre adolescentes, aprender a discutir sin atacar a los demás ayudaría a desarrollar relaciones más respetuosas, autonomía de pensamiento y mayor resistencia frente a la presión del grupo.

Renunciar a la erística como forma habitual de discutir no significa dejar de defender nuestras ideas. Significa aprender a defenderlas mejor.

Nos permite escuchar otras perspectivas, detectar nuestros propios errores, tomar decisiones más razonadas y desarrollar una habilidad fundamental: el pensamiento crítico.

En Agora Mentis creemos que aprender a pensar es tan importante como adquirir conocimientos. Por eso, trabajamos el pensamiento crítico como una herramienta para cuestionar argumentos, reconocer falacias, dialogar con respeto y construir opiniones propias.

Porque una buena discusión no debería terminar necesariamente con un ganador y un perdedor.

A veces, la mejor discusión es aquella en la que los dos participantes terminan sabiendo algo que antes desconocían.

Fuentes y lecturas recomendadas

Para elaborar este artículo se han consultado fuentes académicas y obras de referencia sobre filosofía, argumentación y pensamiento crítico.

  • Stanford Encyclopedia of Philosophy. (2025). The Sophists. Universidad de Stanford.

https://plato.stanford.edu/entries/sophists/

  • Internet Encyclopedia of Philosophy. Sophists.

https://iep.utm.edu/sophists/

  • Aristóteles. (Siglo IV a. C.). Refutaciones sofísticas. Traducción inglesa disponible en Internet Classics Archive, Massachusetts Institute of Technology.

https://classics.mit.edu/Aristotle/sophist_refut.html

  • Internet Encyclopedia of Philosophy. Arthur Schopenhauer: Logic and Dialectic.

https://iep.utm.edu/schopenhauer-logic-and-dialectic/

  • Stanford Encyclopedia of Philosophy. Fallacies. Universidad de Stanford.

https://plato.stanford.edu/entries/fallacies/

  • El Murr, D. (2020). Eristic, antilogy and the equal disposition of men and women (Plato, Resp. 5.453b–454c). The Classical Quarterly, 70(1), 85-100.

https://doi.org/10.1017/S0009838820000476