Tu hijo llega del instituto, merienda y se sienta a estudiar. Pasa dos, tres o incluso cuatro horas delante de los libros. Hace los deberes, repasa los apuntes y parece esforzarse muchísimo.

Pero llegan las notas y vuelve a suspender.

Entonces aparece una pregunta que muchas familias se hacen: «Si estudia tanto, ¿por qué no aprueba?»

La respuesta no siempre tiene que ver con la cantidad de esfuerzo. A veces, el problema está en cómo estudia, qué dificultades encuentra o si realmente está comprendiendo lo que intenta aprender.

Vamos a ver siete posibles causas.

1. Confunde estudiar con leer muchas veces

Es una de las situaciones más habituales.

Un estudiante lee un tema, lo vuelve a leer y después lo repasa una tercera vez. Como el contenido empieza a resultarle familiar, cree que ya se lo sabe.

Sin embargo, reconocer una información no es lo mismo que ser capaz de recordarla sin ayuda.

Cuando llega el examen y tiene que explicar lo aprendido, descubre que no recuerda tanto como pensaba.

¿Qué podemos hacer?

Después de estudiar un apartado, pídele que cierre el libro y explique con sus propias palabras lo que acaba de aprender.

También puede escribir cinco preguntas sobre el tema e intentar responderlas sin consultar los apuntes.

Esta estrategia, conocida como práctica de recuperación, ayuda a comprobar qué se recuerda realmente.

2. Estudia durante horas, pero sin descansos

Estar sentado tres horas no significa haber estudiado eficazmente durante tres horas.

La atención fluctúa y mantener una concentración elevada durante períodos prolongados puede resultar difícil, especialmente después de una jornada escolar.

Además, estudiar sin una planificación clara favorece que el tiempo se alargue innecesariamente.

¿Qué podemos hacer?

Organizar sesiones de estudio con objetivos concretos y descansos.

Por ejemplo, podemos utilizar la técnica Pomodoro: periodos de trabajo de unos 25 minutos, seguidos de descansos breves.

No obstante, esta duración no es una regla universal. Algunos alumnos trabajan mejor con intervalos más cortos y otros necesitan períodos más largos.

Lo importante es adaptar los tiempos a la tarea y a las necesidades del estudiante.

3. Memoriza sin comprender

Imagina que tu hijo está estudiando la Revolución francesa.

Puede memorizar fechas, nombres y acontecimientos, pero ¿sería capaz de explicar por qué comenzó la revolución o qué consecuencias tuvo?

Si no comprende las relaciones entre las ideas, probablemente tendrá dificultades cuando el examen plantee preguntas diferentes a las que ha preparado.

Esto también ocurre en matemáticas: aprender los pasos de un ejercicio no garantiza saber resolver otro que presenta el mismo concepto de manera distinta.

¿Qué podemos hacer?

Animarle a formular preguntas como:

  • ¿Por qué ocurre esto?
  • ¿Cómo se relaciona con lo que ya sé?
  • ¿Podría explicárselo a alguien más pequeño?
  • ¿Qué pasaría si cambiamos alguna condición del problema?

Comprender implica relacionar, interpretar y aplicar conocimientos, no solo repetir información.

4. No sabe organizar lo que tiene que estudiar

Muchos adolescentes se sientan delante de los libros sin tener claro por dónde empezar.

Dedican demasiado tiempo a las tareas más sencillas, dejan lo difícil para el final o comienzan a preparar los exámenes cuando ya tienen poco margen.

El resultado suele ser una combinación de cansancio, frustración y sensación de no llegar a todo.

¿Qué podemos hacer?

Ayudarle a dividir el trabajo en tareas pequeñas y concretas.

En lugar de escribir «estudiar Biología», podemos plantear:

  • Comprender los apartados 1 y 2.
  • Elaborar un esquema de los conceptos principales.
  • Responder cinco preguntas sin mirar el libro.
  • Revisar los errores.
  • Repasar el contenido dos días después.

Una buena planificación no consiste en llenar todas las horas disponibles, sino en decidir qué hacer y cuándo hacerlo.

5. Utiliza la misma técnica para todas las asignaturas

¿Tiene sentido estudiar matemáticas exactamente igual que historia?

Probablemente no.

Cada materia plantea demandas diferentes.

En historia puede resultar útil elaborar líneas temporales, relacionar causas y consecuencias o explicar acontecimientos.

En matemáticas necesitamos comprender los procedimientos, resolver problemas variados y analizar los errores.

En idiomas es fundamental combinar vocabulario, comprensión, producción oral y escrita, y práctica frecuente.

¿Qué podemos hacer?

Elegir las técnicas según el contenido y el objetivo.

Los esquemas, las tarjetas de recuperación, los ejercicios prácticos y las explicaciones en voz alta pueden ser herramientas útiles, pero ninguna funciona igual de bien para todas las tareas.

Aprender a estudiar también significa aprender a elegir cómo estudiar.

6. Tiene dificultades de aprendizaje que no se han identificado

En ocasiones, un alumno dedica mucho más tiempo que sus compañeros a realizar determinadas tareas y, aun así, obtiene resultados inferiores.

Puede tener dificultades para leer con fluidez, organizar la información escrita, comprender enunciados o mantener la atención.

Algunas de estas dificultades pueden estar relacionadas con condiciones como la dislexia, la disortografía o problemas de atención, aunque también existen otras explicaciones.

Esto no significa que un estudiante que suspende tenga necesariamente un trastorno del aprendizaje.

Pero cuando las dificultades son persistentes, conviene prestarles atención.

¿Qué podemos hacer?

Hablar con el profesorado y el departamento de orientación del centro educativo para valorar qué está ocurriendo.

Si es necesario, se puede solicitar una evaluación por profesionales cualificados.

Las estrategias de estudio deben adaptarse a las necesidades del alumno. Por ejemplo, algunos estudiantes pueden beneficiarse de apoyos visuales, instrucciones más estructuradas, materiales accesibles o una organización diferente de las tareas.

No se trata de exigir más horas, sino de encontrar herramientas adecuadas.

7. El miedo a suspender está afectando a su aprendizaje

Después de varios suspensos, algunos estudiantes empiezan a pensar:

«No se me da bien estudiar».

«Soy malo en matemáticas».

«Da igual cuánto estudie, voy a suspender».

Estas ideas pueden aumentar la ansiedad y hacer que afrontar los exámenes resulte cada vez más difícil.

A veces, el estudiante conoce el contenido, pero tiene dificultades para recuperarlo bajo presión.

En otros casos, la frustración provoca que evite determinadas asignaturas o que estudie de manera poco eficaz.

¿Qué podemos hacer?

Evitar que toda la conversación sobre los estudios gire alrededor de las notas.

Es importante reconocer el esfuerzo, pero también ayudarle a identificar qué estrategias funcionan y cuáles necesita cambiar.

Podemos preguntarle:

  • ¿Qué parte del examen te resultó más difícil?
  • ¿Qué preguntas sabías responder?
  • ¿Qué podríamos preparar de otra manera?
  • ¿Qué has aprendido de los errores?

El objetivo es que perciba el aprendizaje como un proceso en el que puede mejorar.

Entonces, ¿necesita estudiar más horas?

No necesariamente.

Cuando un estudiante dedica mucho tiempo al estudio y los resultados no llegan, añadir más horas puede aumentar el cansancio sin resolver el problema.

Antes conviene analizar cómo está aprendiendo.

La investigación educativa ha identificado estrategias especialmente útiles, como la práctica de recuperación y la distribución del estudio a lo largo del tiempo.

Esto no significa que exista una técnica perfecta para todos los alumnos.

Lo importante es encontrar una combinación de estrategias que permita comprender, recordar y aplicar lo aprendido.

Y, sobre todo, que el estudiante aprenda progresivamente a utilizarlas de forma autónoma.

En Agora Mentis enseñamos a estudiar, no solo a hacer deberes

En Agora Mentis, nuestra academia en L'Eliana, creemos que ayudar a un alumno no consiste únicamente en sentarse a su lado para terminar las tareas del día siguiente.

Nuestro objetivo es que aprenda a estudiar por sí mismo.

Por eso, trabajamos las técnicas de estudio adaptándolas a cada alumno, a sus necesidades y a las materias que está aprendiendo.

No todos los estudiantes necesitan las mismas herramientas, ni todos encuentran dificultades por los mismos motivos.

Buscamos que desarrollen estrategias para organizarse, comprender mejor los contenidos, recordar la información y afrontar las tareas académicas con mayor autonomía.

Porque el objetivo no es que necesiten ayuda para estudiar durante toda su vida, sino que aprendan a hacerlo cada vez mejor por sí mismos.

Si tu hijo dedica muchas horas a estudiar y los resultados no reflejan su esfuerzo, quizá sea el momento de revisar cómo está estudiando.

Si has llegado hasta aquí, te quiero agradecer el tiempo que has dedicado a la lectura de este artículo con un pequeño regalo en forma de descarga de un planificador mensual y semanal para que tu hijo o hija aprenda a gestionar y organizar su tiempo de estudio.

Descubre nuestras técnicas de estudio en Agora Mentis

Estamos en L'Eliana, Valencia.

Referencias y lecturas recomendadas

  • Dunlosky, J., et al. (2013). Improving Students' Learning With Effective Learning Techniques: Promising Directions From Cognitive and Educational Psychology. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4–58.
  • Roediger, H. L., & Karpicke, J. D. (2006). Test-Enhanced Learning: Psychological Science, 17(3), 249–255.
  • Cepeda, N. J., et al. (2006). Distributed Practice in Verbal Recall Tasks: A Review and Quantitative Synthesis. Psychological Bulletin, 132(3), 354–380.